Odisea
Un viaje interior
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Segunda oportunidad

Los obispos estadounidenses han llegado a un acuerdo para tratar los casos de pederastia que ocurren entre sus prelados. La decisión consiste en no expulsar a aquellos que hayan cometido abusos sexuales solo una vez. En contrapartida aumentarán la dureza de las medidas contra los reincidentes y acelerarán la expulsión de los mismos. Eso si, para que un abusador “en primera instancia” no sea expulsado deberá demostrar que no es pederasta. Y no podrán usar alzacuellos ni decir misa. ¡Que horror!

Me pregunto cómo se podrá demostrar que alguien “no es” pederasta. Quizá un competente equipo de psicólogos le podrían preguntar : “Vamos a ver, monseñor ¿Es usted pederasta?”. A lo que su eminencia podría contestar “¿Yo? No, para nada. Eso es un pecado mortal. Solo estoy aplicando las palabras del maestro: ‘Dejad que los niños se acerquen a mi’”. O bien someterle a un test psicotécnico: “¿Tiene usted fantasías sexuales? a) No, nunca b) Si, con mujeres c) Si, con hombres d) Si, con niños e) Si, con otras especies”

Personalmente la sexualidad de los religiosos me inspira cierta simpatía. Al fin y al cabo les hace humanos, les acerca al mundo. Me produce también un nebuloso sentimiento de pena. Es la lucha de un hombre o una mujer por acatar un voto tan antinatural como respirar o comer. Me parece mucho más frágil que el voto de pobreza y por ello soy mucho más tolerante. Lo monstruoso no es incumplir el celibato sino mantenerse casto.

Sin embargo, abusar sexualmente es otra cosa, bien diferente. Lo es en cualquier hijo de vecino pero mucho más en el caso de un religioso. Es otro nivel de transgresión, una falta que no me inspira ciertamente ninguna simpatía y una tristeza mucho más profunda. Ya no se trata de romper un voto, se trata de una perversión absolutamente intolerable.

El caso que nos ocupa es todavía peor, es un nuevo nivel de perversión. Aquí el abuso se comete contra un niño. Es el grado máximo del delito sexual, la negación de los principios más fundamentales que deberían guiar la vida de cualquiera, mucho más la de alguien dedicado a dios. Trasciende la moral cristiana y entra dentro del terreno de la ética humanista ¿Darles una segunda oportunidad? ¿Qué demuestren que no son pederastas?. Mientras ojeaba esta mañana la noticia en un periódico no daba crédito a lo que leía.

Si buscamos pruebas sobre la existencia de dios, estos casos y, por extensión, este acuerdo de los obispos made in usa, puede ser una prueba a favor de la no existencia de un ser omnipotente (Por cierto ¿sabíais la paradoja de que si dios fuera realmente omnipotente podría crear una piedra tan pesada que no la podría levantar ni él mismo?. Tiempo para reflexionar: 60 segundos). ¿Qué ser omnipotente iba a permitir la existencia de esta depravación en la propia iglesia? Ya se, ya se. Me dirán que "los caminos del señor son inescrutables” pero a mi me parece que lo único inescrutable, de momento es el alma humana.




2002-06-05 a las 20:53 | Odiseo | 0 Comentarios | #

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