Odisea
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Big food


Después de la campaña antitabaco en Estados Unidos, ahora parece que la dirección apunta hacia las grandes cadenas de fast food. Un abogado pionero en las denuncias contra las grandes compañías tabaqueras se dispone a arremeter contra McDonalds y similares. Uno de cada cuatro estadounidenses padece obesidad, algo a lo que no son ajenas las grandes marcas de comida rápida. Se puede cifrar en unos 280.000 los muertos anuales en ese país debido a esta "epidemia".

Parece que en este caso, lo tienen más difícil que en su lucha contra el tabaco pues será más complicado establecer la relación causa efecto. Afortunadamente ya existe algún precedente y la propia McDonalds ha tenido que pagar ya indemnizaciones por reconocer que sus patatas estaban fritas en grasa de vacuno en vez del "aceite vegetal" que figuraba en su publicidad.

A menudo cuando compro en un supermercado y observo la composición de los productos me pregunto no sólo hasta que punto será cierta sino qué mecanismos existen que me garanticen su veracidad. Si una marca afirma que su atún está en aceite de oliva virgen ¿quién me asegura que realmente es de oliva? Y si la lata lleva el sello dolphin save ¿quiere decir eso que alguien ha comprobado que las redes que utilizaron para pescar eran realmente "amigas de los delfines"?. Sospecho que los supermercados son unos lugares llenos de trampas donde la publicidad engañosa es la norma más que le excepción.

Desde este punto de vista me parece muy bien que se sepa lo que nos metemos en el cuerpo. Así, el que decida zamparse un big mac sabrá, por lo menos, de que va la película. Y esto es especialmente importante en el caso de los niños, objetivo prioritario de las cadenas de comida rápida y de consecuencias, presumo, muchísimo peores.

El caso de la comida rápida es asombroso. El sabor dominante se consigue con productos químicos, se come sin cubiertos, los platos son de cartón o plástico, no hay servicio, no se puede estar tranquilo, siempre está lleno y siempre se come lo mismo. Cualquier restaurante de estas características nos parecería inaceptable. Pero por alguna razón, aparte de su precio, los sitios de comida rápida nos parecen, como mínimo, muy prácticos.

Hay sin embargo otro aspecto que me preocupa más y que de algún modo lo encuentro algo siniestro. Y no me refiero a la procedencia de la carne, el sistema de almacenamiento o el preparado final, aunque también puedan ser bastante tenebrosos. Es más bien esa sensación de que la "M" gigante crece como setas. Las estadísticas dicen que McDonalds abre 3 restaurantes nuevos ¡cada día! Y ahí esta el problema. Esté en Madrid, El Cairo, Nueva York o Katmandú, allí encontraré una sucursal, con el característico look, los típicos menús, y la correspondiente publicidad engañosa. Y sobre todo con el auténtico, inconfundible y genuino sabor. Poco a poco ir a cualquier sitio será ir a ninguna parte porque podré comer lo mismo, comprar la misma ropa, o ver las mismas películas. El mundo, más multicolor que nunca, cada vez me parecerá más gris, más aséptico y más monótono.

2002-06-12 a las 22:31 | Odiseo | 0 Comentarios | #

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