Odisea
Un viaje interior
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Chafarderos


Las ocho de la mañana. Salgo corriendo de casa, como siempre y en unos quince minutos llego a la autopista. Me incorporo, con la maniobra más complicada del día, al tráfico nervioso e impaciente. Acelero hasta los 120 km/h. Esta vez, con un poco de suerte, llegaré bien a mi trabajo.

De repente las luces de emergencia de los coches que me preceden me avisan para que desacelere tan rápido como pueda: hay un enorme atasco. Me pongo en la fila, subo el volumen de la radio y hago cola pacíficamente. Diez o quince minutos después me acerco como una tortuga metalizada a una salida pero abandono la idea: está tan colapsada o más que la ruta que sigo. Sigo pacientemente avanzando, parando, acelerando, frenando, cambiando la marcha una y otra vez. Ha pasado media hora y no se divisa el origen del atasco: probablemente es un accidente grave. Por fin veinte minutos más tarde, como por ensalmo el atasco se esfuma. ¿Qué ha pasado?

En el arcén hay un coche parado. Tiene el capó levantado pero no hay restos de accidente alguno: ni sangre, ni cristales, nada de nada. A partir de ese punto los vehículos salen disparados como si una invisible barrera los hubiera detenido hasta el momento y, de pronto, les hubieran dado la salida. ¿Expediente X?. No. Es el efecto chafardero.

No existe en el código de circulación aunque debería. Es un efecto explicable e incomprensible. Es explicable en cuanto a que obedece al deseo incontrolable de mirar, de saber que ha pasado, de atender a lo que rompe la normalidad; esto hace que cada coche reduzca su velocidad, se detenga unos segundos y después acelere. Y estas pequeñas fracciones de tiempo multiplicadas por cientos de vehículos actúan como si un obstáculo físico se colocara repentinamente en medio de la circulación. Sin embargo, aún explicable, no es comprensible: toda esta gente que tiene tanta prisa y que tanto resoplan y maldicen cuando están parados son los mismo que provocan su desdicha. Digno de manual de psicología práctica. Y no me digan que es "porque frenan por precaución" porque el efecto se produce también cuando el objeto de observación está en el carril contrario.

Mientras reflexiono sobre lo absurdo del comportamiento humano y contemplo el coche averiado acelero de nuevo sin comprender que mi propia observación, cual principio de incertidumbre, ha contribuido, también, al colapso.

2002-07-22 a las 23:08 | Odiseo | 1 Comentarios | #

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Comentarios

1
De: rvr Fecha: 2002-07-23 02:52

Je. Eso mismo pasa casi a diario en la Avenida Marítima de Las Palmas de GC. Ni Mulder.







		

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