Odisea
Un viaje interior
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Conócete a ti mismo.


Una de las cosas buenas que tiene escribir bitácoras es que sirven para conocerte mejor. O al menos es así en mi caso. A menudo cuando leo lo que he escrito me sorprendo; una extraña sensación de desdoblamiento se apodera de mi y tengo la impresión de que otro lo ha hecho en mi lugar. Como decía Borges "Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas". Alguna vez me sorprendo gratamente; otras me siento mal: eso no es lo que quería decir, aquello me parece aburrido, impropio o absurdo. Hago titánicos esfuerzos por no borrar algo que me incomoda. Por ello debo recurrir a los contratos; he pactado conmigo mismo un ley inalterable: lo escrito, escrito está.

Esto también es válido para los comentarios. Y con mucha más razón porque allí es justamente donde uno puede observarse a si mismo y estudiar, como si de una rata de laboratorio se tratara, las propias reacciones ante los pequeños textos que los lectores añaden a las historias.

Los hay que te hacen reflexionar. Hace poco escribiendo sobre comida india alguien dijo que mi weblog era un espacio donde poder comentar literatura. ¿Seré un individuo más literario de lo que yo imaginaba? ¿Cómo me ven los demás a través de los textos? ¿Quién es el que escribe? ¿Soy yo o es "el otro"?

Otras veces son sorprendentes: una historia sobre mi perro que, al parecer, movió emociones, suscitó dos comentarios muy gratificantes, por cierto. ¿Soy capaz de emocionar sin proponérmelo? ¿O es un problema de que me cuesta aceptar que se pueden compartir emociones?

Y luego están aquellos que no sabes como manejar. En uno de mis últimos posts que hablaba sobre correctores ortográficos y sus problemas, alguien tuvo a bien destacar que mi propio texto contenía un error gramatical. Tengo que confesar aquí que mi primera reacción, absolutamente inconsciente, fue negar mi error. Tarea inútil porque el comentarista tenía toda la razón y además añadía un magnífico enlace sobre problemas lingüísticos. Mi siguiente pensamiento fue buscar un error en su propio texto. De pronto me di cuenta de mi estúpido comportamiento; con su comentario no solo me beneficiaba a mi y a los posibles lectores sino que nos enriquecía a todos con la aportación de su link. Pero además permitía que yo aceptara mi reacción inicial y eso se convirtiera en la posibilidad de poder decirlo públicamente. Sonreí pensando en la capacidad transformadora de esa experiencia. Yo escribía, entre otras cosas para ahuyentar mis demonios. Y eso era justamente lo que las contribuciones de los demás estaban consiguiendo.

Ya lo decían los griegos: gnothi seauton. Conócete a ti mismo.

Gracias por los comentarios.

2002-08-28 a las 23:32 | Odiseo | 1 Comentarios | #

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Comentarios

1
De: pedro jaime frias Fecha: 2015-03-21 08:25

Porfabor borren esta pagina o archibo de mi androi







		

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