Odisea
Un viaje interior
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Esa ciudad


Un viaje es algo importante. Activa nuestros recursos dormidos, nos incita a aprender y a enriquecernos y permite que nuestra rutina quede atrás por un tiempo. Yo creo que nos hace mejores. En fin, sobre los efectos beneficiosos de esta experiencia hablé antes de irme y no quiero ser reiterativo. Tampoco voy a hacerme pesado contando algo que, como los recuerdos, tienen más significado para el que los vive que para los demás. Y todo lo que dijera de Andalucía es poco así que no voy a intentarlo siquiera.

Pero sería injusto si no dijera que, a veces, un lugar se convierte en algo más que en una etapa de nuestro recorrido. Está allí, esperándote desde hace siglos. Cuando llegas te parece que la ciudad es otra más, con sus peculiaridades, sus gentes y sus monumentos, con todo aquello que la hace diferente pero no especial. Llegas cansado, te instalas en el hotel y decides lo que harás mañana.

Al día siguiente recorres las calles, buscas en el plano, visitas los lugares de interés, consultas horarios, comes, preguntas a la gente, compras postales. Te das cuenta que la ciudad tienen algo inalcanzable y que tal vez has planificado mal tu visita. Cambias tus objetivos para la siguiente jornada. Durante el segundo día intuyes que la ciudad es más de lo que ves con los ojos. Es lo que oyes, lo que hueles, lo que sientes. Comprendes que tal vez debes quedarte más tiempo del previsto. Al tercer día abandonas el mapa, olvidas las guías en el hotel. Ya no te apetece ir donde van los turistas; deseas mezclarte con la gente, deambular sin rumbo. De nuevo te planteas que te has equivocado en la planificación del tiempo. Los del hotel están haciendo negocio contigo y te sonríen, complacidos, cada vez que les dices que te quedarás una noche más. Permaneces cuatro o cinco días y mientras más tiempo pasa más crees desconocer la ciudad. Por fin llega el momento de marcharse. Pero ya te la llevas dentro. Y buscas lo mismo en las ciudades nuevas que visitas y echas de menos el color ocre, el acento de las gentes, todo aquello que, al fin, la ha hecho especial. Una semana más tarde, después de contemplar auténticas maravillas,deseas volver a ese misterio antes de regresar a casa. Y así lo haces con el temor de decepcionarte.

Pero no. Cuando llegas te rindes a la evidencia: te has enamorado. No sabes cómo ha sido ni porqué. La ciudad te ha poseído. No tiene el encanto de Sevilla, o la belleza arrebatadora de Granada. No es la más hermosa ni la más interesante pero es la que te ha ganado el corazón. No es lo que creías pero es así. Y al final regresas pensando porqué te enamoraste de Córdoba hasta los límites de la pasión.

Quizá nunca llegarás a comprenderlo

2002-10-08 a las 20:48 | Odiseo | 0 Comentarios | #

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