Odisea
Un viaje interior
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Contradicciones


Tengo en la pila de libros formada por los próximos candidatos a ser leídos un ensayo de Peter Singer llamado Liberación Animal. Espera su turno desde hace tiempo y eso no es una circunstancia extraña en mi biblioteca. Pero su causa no es la falta de tiempo sino la falta de ánimo. Y es que uno vive inmerso en las contradicciones. Me costaría poco dejar de comer carne y un poco más pero no mucho, pescado. Podría decir que soy un lacto-ovo-vegetariano algo díscolo. Estoy en contra del sufrimiento animal, los toros y el uso de las pieles. Sin embargo me pirro por el atún, llevo una cartera de piel y tengo perro, bueno perra, tres contradicciones que me pesan como tres losas a las que no renuncio.

De acuerdo. Soy contradictorio. Al menos soy consciente de ello y me observo a menudo como si pudiera salir de mi mismo y estudiarme, preguntarme porqué actúo así y elaborar hipótesis al respecto. Ser consciente de lo que hacen con los pollos para que puedan acabar en nuestra mesa consigue aumentar mi desconcierto. Y uno a veces se cansa. Me agoto de pensar que mis gestos solidarios sirven para poco, que miles de animales sufren para placer de miles de personas, que cuando cojo el champú es posible que hayan experimentado primero cientos de veces con animales de laboratorio para que no me piquen los ojos. Todo esto agota porque no podré explicarlo fácilmente, porque los seres humanos dividen a los seres vivos en "nosotros" y "los otros", porque mi negativa a comer determinados alimentos es una gota de agua en el océano. Y porque al fin y al cabo sigo teniendo perro, comiendo atún y llevando mi cartera de piel.

Hoy he discutido con un amigo sobre esto precisamente. El, una persona flexible, abierta y bastante responsable, ecológicamente quiero decir, sostiene que cualquier cosa a cambio de evitar la extinción de una especie. Lo dice porque ama a todas las formas de vida y cree que la extinción es un drama irreparable. Estoy de acuerdo, pero no a cualquier precio. Su propia actitud le hace sostener el argumento de que es mejor que existan las corridas de toros para que no se extinga el toro de lidia. Y hemos empezado a discutir hasta llegar a un nivel dónde los pensamientos se oscurecen y casi me he encontrado defendiendo los derechos de los líquenes. Contradicciones y más contradicciones. Como decía, agota.

Por eso, paso por delante de la estantería, miro el libro de reojo, ojeo alguna página y lo vuelvo a dejar en su sitio. Me cuesta leerlo porque no me resulta indiferente. Cuando lo haga o bien mis contradicciones serán mas flagrantes o bien conseguiré hacerme vegetariano. En cualquier caso no se si evitaré sentirme más cansado.

Cuando lo haya leído ya les contaré.


2002-10-16 a las 22:44 | Odiseo | 0 Comentarios | #

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