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Alaska y el anillo de Giges


Unas recientes declaraciones de Alaska sobre el precio abusivo de los compactos han provocado una represalia de la Asociación Nacional de Empresas Distribuidoras de Discos (ANEDI). Esta reacción represiva y desmesurada, un auténtico atentado a la libertad de expresión, duró poco pues el programa La ventana de Gemma Nierga actuó como árbitro y la asociación y la cantante hicieron las paces.

Alaska no fomentaba la piratería, solo decía que ésta disminuiría si los discos fueran más baratos. Las discográficas piensan que tienen que subir los precios porque hay mucha piratería. Entramos así en uno de esos abrazos mortales complejos de dirimir. Este debate no es nuevo: existe desde que el software bajó desde los poderosos mainframes a los ordenadores personales. Ha sido el principal argumento de los elevados precios del software y también el de la alta incidencia de las copias ilegales del mismo. En cualquier caso nos encontramos con la frustración del esfuerzo creativo: de los 18 euros que cuesta un compacto, solo uno va a parar al autor. Alaska afirma que editar un disco le cuesta a la discográfica 3 euros aunque otras opiniones indican que tira muy alto y que el precio real es de 15 o 20 céntimos. En cualquier caso el creador recibe muy poco. Y además, según algunos informes el índice de piratería en España es del 30% y sigue subiendo.

Me decían ayer que el top manta es una oferta irresistible: "Estas cenando" - decía mi argumentador - "y aparece el vendedor con su carga de novedades, a 8 euros si compras dos y sin necesidad de ir hasta la tienda. ¿Quién puede rechazar eso?". Bueno, yo puedo. Al menos hasta ahora lo he hecho así. No es que mi sentido de la ética sea mayor, quizá tengo una especial sensibilidad por la música y sus autores, sobre todo en este país donde tanto cuesta llegar a ser alguien (flagrantes excepciones triunfantes aparte). Y que conste que estoy con Alaska en que el precio final del disco es abusivo. Debe haber alguna forma de que los autores cobren más, los usuarios pirateen menos y las distribuidoras no abusen de una forma tan descarada.

Lo que me está diciendo mi amigo es que si se compra un libro es porque copiarlo es caro y el resultado final no es bueno, lo cual no ocurre con el disco que, virtualmente, es un clon del original, carátulas incluidas. Supongo que pensará que es reprobable ir a la tienda y robar un disco pero no adquirirlo a un vendedor ambulante, probablemente porque comprarlo ilegalmente es un robo menos explícito. ¿O depende solo del riesgo?. ¿Qué pasaría si mi amigo se encontrase en la circunstancia de poder robar sin ser descubierto de ninguna forma?. ¿Qué haría?. Este dilema me recuerda la historia del anillo de Giges, citado por Platón en su República. Giges era pastor del rey de Lidia y encontró un anillo que le dotaba del don de la invisibilidad. Una vez comprobado su poder lo utilizó para seducir a la reina, asesinar al rey y conseguir el trono. Platón cuestiona si cualquier ser humano que hubiera tenido en sus manos el anillo mágico hubiera actuado de la misma forma o, dicho de otro modo, "que nadie es justo por voluntad sino por necesidad". Su elaborado razonamiento llega a la conclusión de que existe una ética que es independiente del riesgo o del castigo y que la conducta de Giges no es generalizable.

Se que el fenómeno de la piratería es complejo. Y también se que no es lo mismo copiar un cd que asesinar a un rey. Pero el principio subyacente es similar. Solo es cuestión de decidir dónde ponemos el límite. Al fin y al cabo copiar un cd es "sólo" una pequeña falta de ética. ¿O no?.




2002-11-13 a las 23:42 | Odiseo | 2 Comentarios | #

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Comentarios

1
De: José Luis Fecha: 2002-11-15 17:30

Copiar un CD para uso personal no es absolutamente nada, ni siquiera una falta de ética. Copiarlo para venderlo es un delito con el que nadie debiera colaborar. Vale, es muy atractivo pillar el disco de X, Y o Z por 3 euros en vez de por 12 y, en ese precio, es claro que existe un beneficio desproporcionado de la discográfica ya que el precio material de un CD grabado, serigrafiado, con estuche y carátula no llega a los 30 céntimos. Aproximadamente va un euro para el artista. Descontados los gastos de producción, promoción, distribución e impuestos vemos que un CD a ese precio es un negocio redondo para las discográficas.

Así las cosas, sería fácil decir: "pues compramos en el Top-manta y a éstos que los den" Pero pensemos en varias cosas, la primera es que el Top-manta no ofrece posibilidades de descubrir a ningún artista, no promociona a nadie, no mantiene una estructura laboral con sus empleados en la SS y no paga impuesto ni a dios. Las discográficas se forran de manera desproporcionada pero al menos parte de esos beneficios revierten vía impuestos. Los manteros se forran en menor medida, pero ese dinero no revierte en modo alguno, es todo beneficio salvo el coste de la materia que es ínfimo.

Así que se colaboramos con el mantenimiento de esta actividad ilegal terminaremos por lograr que se cierren las discográficas ya que no tiene sentido gastarse un dinero en producir y grabar un disco del que se venden legalmente 500 copias y 50.000 piratas (las cifras están exageradas, claro) con lo que se cierra también la puerta a que aparezcan nuevos grupos, solistas... y a que se perpetúe una economía sumergida de la que se benefician cuatro que, encima, no pagan impuestos, emplean a menores para la grabación de los CDs...

¿Solución? Pues la primera que las discográficas redujeran su margen de beneficios. Si el CD costara 9 euros seguiría siendo rentable y menos gente usaría el Top-manta, pero las discográficas jamás aceptarán eso así que la solución es que no hay solución más allá de confiar en el mercado. Cuando las discográficas vean que se siguen reduciendo las ventas de CDs legales tendrán que bajar el precio con lo que el Top-manta ya no será tan atractivo.



2
De: Vendell Fecha: 2002-11-16 19:03

El último LP que compré costó 1600 pts. Salieron los CDs, eran lo último, tecnología punta a 2500... siempre he grabado y comprado, regalado, cambiado, prestado..., consciente de que las reglas del mercado son tangentes a mi ética personal. En el negro de los discos nunca he podido ver un pirata; comprarle a él es un gesto de solidaridad humana cuyo beneficio siempre acaba en una papelera, o perdido en el coche de un amigo; al fin y al cabo la oferta de la manta no es mi demanda. Siempre he creído que el fin de la piratería era la distribución por la red y la cultura musical. Las discográficas pirateadas han creado el virus que las enferma, empeñadas en que todos compremos las mismas tonterías que, desde luego, no valen lo que cuestan. Al menos esas 900 ptas de tecnología que ya es roma.







		

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