Odisea
Un viaje interior
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La máquina de café


Hoy he pagado la comida con un billete y me han devuelto unas monedas. Una de ellas, de un euro, además de ser holandesa estaba deteriorada. Parecía que alguien hubiera intentado morder el borde varias veces como intentando comprobar su autenticidad y, si bien no había conseguido doblarla, las marcas de los dientes dibujaban un borde irregular.

Durante un rato la moneda, como un libro de arena, se ha convertido en mi obsesión. ¿Quién o qué habría producido esas marcas? ¿Cómo habría llegado a mis manos? Lo peor era pensar en cómo me iba a desprender de ella. ¿Me la aceptarían en una tienda? ¿Tendría que abandonarla en un bosque intenando olvidar su paradero?

De pronto he visto la solución. Me he dirigido a la máquina de café que hay en mi trabajo, con la esperanza de que se la tragara y deshacerme así del problema o, más bien, transferirlo a otro incauto que, sin duda, se obsesionaría con el origen y el destino de la moneda maldita. Con el alma en vilo la he dejado caer por la ranura suponiendo que sería rechazada inmediatamente. La máquina ha empezado a producir toda clase de ruidos, normales por otra parte, como si quisiera decir que la había aceptado y que mi café, corto y sin azúcar, estaba en marcha.

Mi rictus burlón ha durado poco: el vaso de plástico se ha atascado en la salida mientas el estruendo de las maquinaria - parece que estén matando a un gato - indicaba claramente que mi petición iba a ser satisfecha de todas formas (este aparato no tiene corrección de errores). He tirado del vaso fuertemente mientras me mojaba las manos con el líquido caliente. Impertérrita, la máquina escupía café sin importarle que no hubiera recipiente o tal vez, quién sabe, lo hacía expresamente, riéndose de mi.

Por fin he logrado sacar el vaso, apenas reconocible como tal, y colocarlo de tal forma que he podido recoger la mitad de la dosis. Cuando el artilugio ha terminado sus agónicos ruidos allí estaba yo con las manos mojadas sosteniendo un vaso arrugado que contenía medio café, intentando discernir si, de pronto, la máquina se había vuelto inteligente.

2002-11-21 a las 00:18 | Odiseo | 0 Comentarios | #

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