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El sendero de la mano izquierda

Fernando Sánchez Dragó me provoca una fuerte ambivalencia. Me parece un hombre brillante, complejo, contradictorio, erudito y egocéntrico. Sus libros no me gustan especialmente; de hecho creo que solo he leído uno : El camino del corazón y no guardo de él ningún recuerdo especial.

Ahora acaba de publicar El sendero de la mano izquierda. Subtitulado Un código de conducta se estructura en forma de “decálogo”, solo que en vez de constar de diez son ciento ochenta los preceptos destinados a ayudar a conseguir la felicidad, ni más ni menos. Cada uno de ellos está seguido de una reflexión tan corta como una sola línea o tan extensa como varias páginas. Algunos incluso son solo enunciados, sin más. Huyendo de la calificación de libro de autoayuda pretende más bien establecer las reglas que configuran una filosofía de la vida, la suya, y que se exponen al lector para ser utilizadas o rechazadas según cada cual. Porque si hay un leitmotiv a lo largo del libro es que cada cual debe encontrar su propio camino y que la principal meta en la vida es, como decía Píndaro, llegar a ser quien eres.

El universo de Sánchez Dragó es un espacio polimorfo y heterogéneo, donde se mezcla la sabiduría con la provocación, el misticismo con la filosofía práctica. Así junto con preceptos clásicos del estilo “Nada importa nada” o “Conócete a ti mismo”, aparecen algunos como “No abortes”, acompañado éste de varias páginas de comentarios. Algunos son tan sorprendentes como “Desconfía en principio, de quien pide bistec con patatas fritas cuando va al restaurante” (no es textual, no tengo aquí el libro en este momento, pero se parece mucho). Algunas afirmaciones como “No dones órganos para trasplantes ni aceptes que te los trasplanten” están acompañados de unas reflexiones tan demenciales que uno está tentado de aparcar el libro en una estantería.

Sin embargo hay algo en él completamente fascinante y es su capacidad para ser “políticamente incorrecto” sin ser abiertamente provocador. Al menos ese es el efecto que ha conseguido conmigo. En un mundo donde lo políticamente correcto puede llegar a ser agobiante, cuando no ridículo, es algo digno de agradecer. Estoy de acuerdo en que su discurso es difícilmente sostenible en muchos puntos, que camina constantemente en el filo de lo rechazable y que sería muy fácil tacharlo de fascista, loco o contradictorio. Pero su capacidad para decir las cosas por su nombre es como una ráfaga de aire fresco, oxígeno puro.

Dice en su prólogo que hay cosas que simplemente “son así” y que no se va a esforzar demasiado en defender, pasado un determinado punto. Probablemente muchos no estarán de acuerdo con sus postulados pero ¿por qué habría que estarlo?. A mi me ha gustado. Y me ha generado mucha ambivalencia. Simplemente, es así. Y punto.

2002-11-30 a las 12:50 | Odiseo | 5 Comentarios | #

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Comentarios

1
De: Polinesio Fecha: 2002-11-30 23:53

Hola Odiseo:
Comparto tus reservas sobre demencial, ridículo, místico, etc.; es el clásico majara con ciertas dosis de erudición desordenada, un malabarista retórico, excéntrico profesional y activo militante del irracionalismo. Aunque como dices, siempre se aprende algo, por poco que sea.
Saludos cordiales



2
De: Vendell Fecha: 2002-12-01 00:47

Yo no he leído sus libros, pero suelo ver su programa por el rabillo del ojo y me hace mucha gracia. Aunque a veces sus invitados las pasan canutas.



3
De: rvr Fecha: 2002-12-01 14:20

Odiseo: ¿Podrías deshabilitar que los comentarios salgan en una ventana nueva? Cuando quiero darle al botón "atrás" no tira.



4
De: Odiseo Fecha: 2002-12-04 00:40

Cielos!! No me digas. Cuando tenga cinco minutos lo hago...



5
De: cataruc Fecha: 2003-03-21 04:32

Me parece una descripción muy acertada del libro.

El libro es un gran revulsivo, sin una gran coherencia, pero desde luego no te deja impasible.
A mí me interesó bastante.

Especialmente peligroso es uno de los mandamientos (el penúltimo o antepenúltimo) en el que nos avisa que perderemos el alma si o obramos bien.

Las amenazas para después de la muerte son muy peligrosas. Incluso la iglesia católica las ha suprimido oficialmente.

El "conócete a tí mismo" no se puede practicar bajo presión, bajo la presión de quedarte sin alma si no obras bien (que vete a saber lo que significa esta última palabreja).

Y aunque todo lo arregla con lo del filtro personal, con que desconfíes de él, las cosas dichas (y más con la vehemencia de este señor) se quedan en la cabeza, por ahí, en algún rincón.







		

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