Odisea
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Telefonitis


En un artículo publicado en La Vanguardia se dice que los adolescentes padecen adicción al móvil. Me interesa el tema. Quizá porque he sido un adicto al tabaco (eso ya pasó, afortunadamente), a la coca-cola y a algunas personas, las adicciones, de cualquier tipo, siempre han despertado en mi una tremenda fascinación.

Asombra leer en el artículo como algunos adolescentes duermen con el móvil bajo la almohada para contestar inmediatamente todos los mensajes que pueden recibir; estos pueden ser cuarenta o cincuenta al día. Responden con agresividad cuando no pueden acceder a su juguete y no poseer uno es sinónimo de ser un "bicho raro". De hecho he estado pensando si conozco a alguien que no tenga, algún héroe solitario que haya conseguido nadar a contracorriente. La única persona de mi entorno directo que se mantenía al margen era mi madre, mujer ya muy mayor que, a pesar de todo, no se ha librado de esta nueva esclavitud: yo mismo le he regalado uno para su cumpleaños. Contradictorio que es uno.

Porque yo estoy en contra del móvil a pesar de ser propietario de uno de último modelo y de regalar alguno que otro. Irrumpe en nuestras vidas como si fuera un artículo de primera necesidad. Nos impide tener calma, es un heraldo de la agitación de la sociedad "moderna". Y nos han engañado, otra vez. Porque no nos ayuda a comunicarnos mejor sino a esclavizarnos mejor. Y a gastar más, por supuesto.

El Proyecto hombre, que se dedica a tratar adicciones, ya está dando terapia a dos adolescentes enganchados al genial invento. Según esta asociación, esta es una de las adicciones sin droga más importantes del futuro. Claro que el problema no es del móvil, no. El problema, como siempre, es el de su utilización. Me pregunto si dentro de un tiempo alguien podrá decirle a otra persona "te quiero" o "me gustas" directamente, cara a cara y mirándole a los ojos, sin necesidad de un correo electrónico o un mensaje SMS. ¿Os acordáis cuando el teléfono (el fijo, quiero decir) servía para hablar pero no para decir ciertas cosas? Cuando había que comunicar algo importante decíamos "No, por teléfono no. Eso te lo tengo que decir en persona". Ahora, según se desprende del artículo, si no ligas con el móvil no ligas. Esta es su paradoja: en vez de unir, distancia. Y quizá lo más preocupante es cómo se ha convertido en un elemento de prestigio: la credibilidad que tienes delante de los amigos es la cantidad de mensajes y llamadas que recibes. Estupendo.

Y eso sin contar que, como tantas veces, la tecnología está por delante de nuestra capacidad de adaptarnos a ella. ¿No es insoportable esa desconsiderada conducta de una mayoría que siempre tiene el móvil conectado en todas partes, en los restaurantes, en el trabajo, en el autobús? ¿Os habéis fijado en el síndrome de la-llamada-que-no-es-mía? Estás en un restaurante. Suena un tono (a cual más horrendo, por cierto). El propietario del móvil no se entera, sigue hablando con su acompañante sin parar. Pero todos los demás comensales abren sus bolsos, rebuscan en sus bolsillos y se miran unos a otros para darse cuenta de que no es a ellos a los que les llaman. De hecho ni siquiera es el tono de su teléfono pero todos lo comprueban y al final sonríen, como percatándose de ese comportamiento colectivo absurdo . Actualmente todos los terminales tienen opciones de llamada discretas. ¿Tanto costaría utilizarlas? Pero no; allí está aquel individuo que se sienta a tu lado en el restaurante con velitas en las mesas y música suave, todo muy sugerente. De pronto su móvil suena. Y repite unos segundos después porque cuando se ha dado cuenta ya han colgado. Cuando contesta lo hace a voz en grito y te sientes violentamente involucrado en su conversación; por alguna incomprensible razón hablan más alto por el teléfono que con la persona que les acompaña. Cahrlan de trabajo, de problemas personales o de cualquier otra cosa, pero siempre muy alto, como si quisieran que participaras. Entonces pienso que tal vez sí que nos permite comunicarnos mejor. Porque la próxima vez le diré al sujeto de la mesa de al lado que no me importan sus conversaciones privadas y que sería de agradecer que, aunque sea durante una hora y media, apague su móvil. Si logra superar su síndrome de abstinencia inicial quizá descubra que hay otras cosas que valen la pena y que ya ha olvidado.

Y yo, el día menos pensado tiraré a ese engendro que se ha colado en mi vida al contenedor más cercano. O no, mejor lo abandonaré en un apartado paraje junto a una carretera secundaria. Bien lejos de casa, no sea que se le ocurra volver.

2002-12-04 a las 00:46 | Odiseo | 2 Comentarios | #

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Comentarios

1
De: fernand0 Fecha: 2002-12-04 11:02

Yo no soy de su entorno próximo, pero aún no tengo bicho de esos.

No es de teléfonos pero la historieta esta viene que ni pintada:
http://ars.userfriendly.org/cartoons/?id=19991120

;)



2
De: Odiseo Fecha: 2002-12-05 01:42

Genial :-)







		

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