Odisea
Un viaje interior
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El corazón encogido

No se. Quizá me estoy haciendo mayor. En este mundo que nos ha tocado, las malas noticias, los acontecimientos terribles y las tragedias cotidianas son tan usuales que escucho la radio, veo los telediarios o leo la prensa con una cierta estupefacción que se va convirtiendo en insensibilidad. Parece que mi corazón adquiere una capa de sólido barniz que le impide ya conmoverse. Y entonces, un día ocurre algo que me quiebra por dentro.

Y eso es lo que me viene pasando estos días con los acontecimientos que están ocurriendo en Galicia. No diré nada que aporte algo nuevo: mucho se ha dicho en todos los sentidos en los periódicos, la televisión, la radio, las bitácoras y las listas de correo. No entraré en mis opiniones personales porque lo que aquí quiero hacer es expresar un sentimiento y no perderme en una nueva racionalización. Por eso no me importa, en el momento que escribo esto, si el gobierno ha actuado bien o mal, si los voluntarios están desatendidos o si se está bloqueando la información, ni siquiera si es un desastre mayor o menor que el del Exxon Valdez. Yo solo se que se me encoge el corazón cuando veo a los pescadores recogiendo la espesa capa negra del mar con su manos, los cormoranes petroleados, las playas ahora azabache o los pescadores intentando agredir a un alcalde incapaces ya de canalizar su ira. Solo se que respiro la impotencia, la manipulación, la desesperación, la connivencia y la tristeza. Hablo a solas cuando oigo la radio y me indigno, me solidarizo y sucumbo, también yo, al desastre.

Y en medio de toda esta pena, no de la sensiblera sino de la de verdad, de la que hace que te cueste tragar saliva, hoy mismo he leído un artículo sobre el juicio por el secuestro de la farmacéutica de Olot. Especialmente demoledor en la crónica de El Pais (al cual ya no puedo enlazar porque es de pago). No se si es que el Prestige ha abierto una brecha en mi corazón a la par que en su casco; el caso es que se me ha puesto la piel de gallina leyendo las declaraciones de Mara Àngels Feliu. Y este corazón encogido, el mío, ha demostrado tener la capacidad de hacerse un poco más pequeño todavía.

Detrás de todo ello, de los desastres ecológicos, de los secuestros, de las guerras, de la crueldad y del dinero están los hombres, los seres humanos quiero decir. Y no puedo dejar de recordar aquello de "Mientras más conozco a los hombres más quiero a mi perro". Cuando ella, en mi caso es perra, me mira con sus ojos del color de la miel, con esa mirada limpia y bondadosa, mi corazón se ensancha, un poquito.

2002-12-05 a las 19:19 | Odiseo | 1 Comentarios | #

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Comentarios

1
De: Akin Fecha: 2002-12-05 22:54

Aquí ya se siente auténtica rabia, ya no sabemos que hacer.







		

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