Odisea
Un viaje interior
Inicio > Historias > Pre-juicios

Pre-juicios

Día de reyes. La familia, reunida, ultimando los últimos excesos alimentarios de las fiestas. Sin saber como, y en la fluida conversación, alguien a quien aprecio mucho y admiro más, llamémosla Inés, dice algo así como "A mi los moros es que no me interesan". Sorpresa. Pregunto por qué dice eso. Inés explica, con solidez sin titubeos, que cada vez hay más inmigración y que no tiene nada contra ellos pero que tampoco se va a interesar por algo que le es ajeno, culturalmente ajeno. Los demás empiezan a intervenir: que si el machismo, que si el Corán dice, que si la delincuencia aumenta con la inmigración. En menos que canta un gallo se han desatado las pasiones racistas, en muchos casos camufladas bajo contundentes argumentaciones del tipo "Yo no tengo nada contra los negros/moros/chinos, que bastante desgracia tienen con serlo". La celebración familiar se ha convertido en un pequeño campo de batalla donde se puede escuchar de todo y donde uno siente que el racismo se desborda sobre la mesa como el cava espumoso. Es irrefrenable, es asombroso, es desconcertante.

En honor a la justicia diré que alguno ocupaba una postura conciliadora. Otro, más extremista decía que las argumentaciones racistas implican creencia en una raza superior y que eso mismo hacían los nazis. Inés protesta por la comparación y la cosa se pone tensa. Así seguimos durante un rato. Le digo a Inés que no se puede opinar de lo que no se conoce y que su argumentación es un prejuicio y que prejuicio viene de pre-juicio, es decir de antes del juicio, o sea ajeno a la razón. Entonces ella dice que si, que lo sabe y que lo asume. Que es un prejuicio y que tiene derecho a tenerlo. Le digo entonces que si es así, es inútil seguir argumentando ya que estamos fuera del dominio de la razón y por tanto podemos liberar nuestras emociones pero no debatir. La batalla se prolonga algunos minutos más. Los que apenas saben qué es el Corán dicen que el texto obliga a las mujeres a llevar velo. Otros apelan al 11-S, casi todas al machismo, otros a la delincuencia. El debate es estéril. Hay quien pide calma. Poco a poco la situación se relaja, todo vuelve a la normalidad y seguimos comiendo el roscón y bebiendo alcohol, brindando por "otras culturas".

No soy un paladín de nadie, ni un defensor de culturas ajenas, ni nada así. Si lo parece durante las discusiones es porque me espolea el sentimiento de injusticia. Oigo a gente culta e inteligente utilizar argumentaciones absurdas; mientras más amo a esas personas más me duele su intolerancia. Pero parece inevitable. Dicen que delinquen, que forman ghettos, que no se adaptan a las costumbres del país que los acoge, que son incultos, machistas y fanáticos. Pero haces algunas preguntas y te das cuenta que los que lo dicen no conocen nada de "los otros": se basan en el tópico, en los que nos cuentan, en lo que "se dice". Son incapaces de matizar, de comprender la situación de los que llegan, ni sus ideas, ni sus sueños, ni sus esperanzas. Claro que delinquen. Por supuesto que son machistas. ¿Acaso no ocurre también aquí? Tendrán que buscar otras excusas para justificar su miedo atávico: ni siquiera la genética los apoya.

En un mundo cada vez más globalizado, rechazar a los que consideramos diferentes es un error, incluso desde un punto de vista puramente práctico. Al día siguiente de los hechos que relato salieron por la tele algunos ganadores del primer premio de la lotería: uno colombiano, otra argentina, otro ecuatoriano. Después informaron de un hombre que tiró a su compañera por la ventana: la víctima era colombiana, el asesino sueco, un posible cómplice francés, una vecina testigo de la pelea previa, brasileña. También lo era la que anoche me atendió en una gasolinera. Entre mis restaurantes favoritos se cuentan un iraní, un argentino y un indio. El marido de una querida amiga es kurdo. Y un conocido, persona interesante y fascinante como pocas -aspiro a que pueda sustituir la palbra "conocido" por "amigo"- es colombiano y en su familia se fusionan los italianos con los ingleses.

Los racistas tienen las de perder. Al menos, esa es mi alegre esperanza.

2003-01-09 a las 23:57 | Odiseo | 1 Comentarios | #

Referencias (TrackBacks)

URL de trackback de esta historia http://odisea.blogalia.com//trackbacks/4699

Comentarios

1
De: SUSANA Fecha: 2003-04-22 08:34

Los prejuicios son como barreras que no nos permiten conocer la realidad. Son todas las especulaciones y creencias que nos formamos de las personas ,aun, sin conocerlas... es una cárcel que no nos permite ser libres y aceptar a los demás.







		

El canto de las sirenas

La Biblioteca de Babel
I Elada Oudepote Pethanei
Cuaderno de bitácora
4Colors
El peatón del aire
Una cuestión personal
El paleo-freak
Tio Petros
El triunfo de Clío
La hormiga remolona
El centro del laberinto
Evasivas
Mormuria

Canta, oh Musa...

El violín que surgió del frío
Amiguitas muy monas
El viaje del Beagle

Derrotero

La Ilíada
La Odisea
Filomúsica
El poder de las palabras

El consejo de Mentor

Chicago

Archivos

<Junio 2018
Lu Ma Mi Ju Vi Sa Do
        1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30  
             

Documentos


Blogalia

Blogalia


imagen
© 2002 Odiseo