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Traduciendo La Ilíada

A raíz de un comentario sobre mi libro alguien me preguntó qué traducción tenía de la Ilíada. Como ya dije, es un libro que cambió de alguna forma mi vida, cuyo descubrimiento, tardío, fue un viaje iniciático literario. Así pues no podía tener una traducción, sino tres.

Desgraciadamente, aunque tiene remedio, no conozco griego clásico y tengo que recurrir a las traducciones. Que trabajo más complicado el del traductor ¿no?. Además del conocimiento de las lenguas implicadas, debe tomar decisiones de estilo. ¿Cómo traducir un modismo, o una frase característica de una lengua e incluso un tiempo? ¿Literalmente y poniendo una nota a pié de página o violando la literalidad en aras de la comprensión en la lengua traducida?

Por eso en una traducción estamos leyendo a un autor y dos estilos. Entiendo que será mejor traductor el más neutro, aquel que intente transferir el significado original con las menores aportaciones personales posibles. Puede que me equivoque, pero por lo que he leído, me parece un trabajo bastante mal pagado.

A lo que iba. He pensado en comparar un pequeño párrafo, para no cansar, de las tres traducciones. He elegido para ello un pasaje del primer canto. Aquiles sintiéndose ofendido y lleno de ira contra Agamenón porque le quiere quitar a su cautiva Briseida, decide en plena asamblea desenvainar la espada y matarlo allí mismo. Pero como los dioses intervienen siempre en los momentos más críticos, Atenea se le aparece, solo a él, y agarrándole por el cabello detiene su impulso, bella metáfora sobre la lucha entre la razón y el sentimiento.

Esta es la traducción de Luis Segalá y Estalella. Es la más rimbombante y recargada pero quizá a la que le tengo más cariño pues fue a través esta edición como me enamoré perdidamente de la Ilíada:

Tal dijo. Acongojóse el Pélida, y dentro del velludo pecho su corazón discurrió dos cosas: o, desnudando la aguda espada que llevaba junto al muslo, abrirse paso y matar al Atrida, o calmar su cólera y reprimir su furor. Mientras tales pensamientos revolvía en su mente y en su corazón y sacaba de la vaina la gran espada, bajó Atenea del Olimpo: envióla Hera, la diosa de níveos brazos, que amaba cordialmente a entrambos y por ellos se preocupaba. Púsose detrás del Pélida y le tiró de la blonda cabellera, apareciéndose a él tan solo; de los demás, ninguno la veía. Aquiles, sorprendido volvióse y al instante conoció a Palas Atenea, cuyos ojos centelleban de un modo terrible. Y hablando con ella pronunció estas aladas palabras...


Es posible que la traducción de Emilio Crespo Güedes sea más contenida, pero muy bella también:

Así habló, y la aflicción invadió al Pélida, y su corazón dentro del velludo pecho vacilaba entre dos decisiones: o desenvainar la aguda espada que pendía a lo largo del muslo y hacer levantarse a los demás y despojar él al Atrida o apaciguar su cólera y contener su furor. Mientras revolvía estas dudas en la mente y en el ánimo y sacaba de la vaina la gran espada, llegó Atenea del cielo; por delante la había enviado Hera, la diosa de blancos brazos, que en su ánimo amaba y se cuidaba de ambos por igual. Se detuvo detrás y cogió de la rubia cabellera al Pélida, a él solo apareciéndose. De los demás nadie la veía. Quedo estupefacto Aquiles, giró y al punto reconoció a Palas Atenea; terribles sus dos ojos refulgían. Y dirigiéndose a ella pronunció estas aladas palabras....


Mi ansia por intentar acercarme lo máximo posible al original me hizo comprar la traducción de Antonio López Eire. Es probablemente la más difícil pero según nos cuenta en la introducción es muy literal. De hecho se ha realizado en verso y existen infinitas notas al pié para matizar algunas frases o palabras. Una vez te acostumbras al estilo es un auténtico disfrute. He aquí el mismo pasaje:

Dijo así, y al hijo de Peleo
dolor le sobrevino, y en su pecho
velludo, el corazón, en dos mitades,
reflexionó, perplejo e indeciso,
si o bien desenvainando la aguda espada
de al lado de su muslo, a los unos
de allí los levantara,
y luego él al Atrida intentaría
matarlo, o bien su cólera calmara
y el ardor de su alma refrenase.
Mientras él en su mente y en su alma
daba vueltas a estos pensamientos,
y de la vaina sacar intentaba
la larga espada, entonces
llegó Atenea del cielo;
que Hera, la diosa de los blancos brazos,
por delante habíala enviado,
pues a ambos por igual ella en su alma
amaba y de uno y otro se cuidaba.
Y por detrás plantose y al Pelida
asíole de su rubia cabellera,
a él solo haciéndose visible,
que de los otros nadie le veía.
Y quedose atónito Aquiles,
y volvióse y al punto
reconoció a Palas Atenea
pues tremendos brillaban sus dos ojos,
y hablando con voz clara y perceptible,
a ella aladas palabras dirigía...


No pierdo la esperanza de aprender griego y poder leer algún día los aproximadamente dieciséis mil hexámetros en versión original. Se escribieron hace unos dos mil ochocientos años. Su magia reside en que todavía puedan fascinar al mundo.





2003-06-07 a las 17:46 | Odiseo | 2 Comentarios | #

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Comentarios

1
De: Chewie Fecha: 2003-06-07 21:56

Odiseo, ésta es la traducción que tengo yo de ese mismo párrafo, de Fernando Gutiérrez:

Dijo así, y el Pelida sintió una infinita congoja
y dos cosas pensó el corazón en su pecho vellido:
desnudar la agudísima espada que al muslo pendía
y, entre todos, abrirse allí paso y matar al Atrida
o calmar su coraje y hacer que cesara su cólera.
Mientras tales ideas en su corazón y su mente
revolvía y sacaba la espada, llegó a él Atenea.
Hera, la de los brazos nevados, la había enviado,
porque amaba a los dos e igualmente a los dos protegía.
Y, detrás del Pelida, a él tiró de los rubios cabellos,
solamente mostrándose a él,
sin ser vista por nadie.
Sorprendido, volvióse y Aquiles vio a Palas Atena
y un terrible fulgor alumbraba las claras pupilas.
Y, volviéndose a ella, le habló con aladas palabras...



2
De: vanesa Fecha: 2008-07-22 16:02

escuchalo y veras que es interesante



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